Un sueño hecho realidad

 en Destacado, Juvenil A, Cajón de Sastre, Opinión de cantera

Desde que la Uefa tuvo la feliz idea de inventar una competición paralela a la Champions League, pero para jugadores sub 19, el objetivo de alcanzar el trofeo de la Youth League ha estado permanentemente en el punto de mira de la Fábrica blanca. Y ha tenido que ser a la séptima, y con el Siete al frente. Un sueño hecho realidad.

Otros entrenadores, con plantillas similares en brillo a esta, se quedaron bastante cerca. Luis Miguel Ramis y José María Gutiérrez construyeron equipos muy competitivos, ganaron Ligas de División de Honor Juvenil, Copas de Campeones y Copas del Rey. Pero, en Europa, no consiguieron llegar a subir el último escalón. Y eso que tuvieron a sus órdenes a estrellas como Óscar Rodríguez, que pronto debutará merecidamente con la Roja, y que jugó 25 partidos en tres temporadas en esta competición, llegando una vez a cuartos de final y dos veces a semifinales. Seguro que el talaverano estará muy feliz y habrá podido disfrutar viendo cómo por fin ha llegado el momento tan ansiado por todos los madridistas.

Hay que tener presente, también, que en este equipo ganador tiene una buena parte de responsabilidad el técnico que comenzó la temporada, Dani Poyatos, ahora en Grecia, y que también ha dejado huella en su forma de hacer jugar a esta plantilla del Juvenil A. Muchos de estos jugadores le deben tanto en su crecimiento como futbolistas a la labor nada estridente del entrenador catalán, y que permanecerá como modelo de conducta.

Pero habrá que reconocerle su cuota al debutante, al que menos experiencia de banquillos tenía, pero que atesora tantos momentos de gloria con el club que seguro ha tenido una poderosa influencia a la hora de conseguir ese extra de rendimiento máximo de unos futbolistas muy jóvenes, con mucho talento, y con una fuerza mental que les ha llevado a creer hasta el final. Raúl González es el Siete que a la séptima ha conseguido que podamos descansar.

Y no ha sido sencillo. Ni mucho menos. Con el delantero centro llamado a ser el titular al inicio de curso, Pedro Rodríguez, en el dique seco por una lesión de larga duración. Con su sustituto natural, Juanmi Latasa, perdiéndose la final por una triste acumulación de amonestaciones que ya solo acarrea suspensión en esta competición (a ver si los mandatarios de la Uefa reaccionan e igualan el reglamento con el de la Champions de los “mayores”). Y con su relevo de urgencia, Pablo Rodríguez, lesionado antes de la media hora en la gran final, eso sí, tras anotar el golazo que abrió la lata. Tres nueves en la plantilla, y los tres fuera por una u otra razón.

La trayectoria del equipo en esta fase final ha sido digna de análisis y reflexión. Curiosamente, en cuanto a juego, es muy posible que se haya ido de más a menos. El paso de los minutos acumulados ha ido haciendo mella en jugadores que llevaban más de cinco meses sin jugar un partido oficial. Pero en lo que ha crecido el equipo es en fiabilidad. De ese modo, los encuentros de octavos y cuartos de final contra Juventus de Turín e Inter de Milán tuvieron mayor calidad global y momentos de juego muy brillante. La semifinal contra Red Bull Salzburgo austriaco y la final contra SL Benfica de Lisboa tuvieron un denominador común. Dos grandes primeras mitades fueron la clave de las victorias, porque completarlas después fue fruto de la concentración y del oficio. Y eso es algo muy difícil de conseguir con menos de veinte años. 

El triunfo definitivo, por supuesto, debe considerarse mérito de todos, incluso de los que apenas han disputado minutos o han visto los cuatro partidos de esta fase final de Nyon desde la grada, como el tercer portero, Lucas Cañizares; pero destacaremos algunos nombres propios que han brillado con luz propia.

Luis López, un portero que dará que hablar en el futuro, no solo detuvo la pena máxima que hubiera supuesto el empate a tres y quién sabe qué después. Tuvo una actuación muy destacada y ofreció una seguridad de las que consiguen que a tu equipo, y a tu afición, le tiemblen menos las piernas.

De la línea defensiva, muy seria y concentrada en todos los encuentros, no queda más remedio que señalar a Miguel Gutiérrez, que seguramente ha pagado físicamente haber estado a las órdenes de Zidane en el último tramo de la Liga con el primer equipo, y que comenzó regalando un gol en octavos de final, para ir rehaciéndose partido a partido, marcando un gol en cuartos, otro en semifinales y el, a la postre, definitivo, en la final.

Capítulo aparte merecería Antonio Blanco, que ha sido el ancla sobre el que se ha sostenido el centro del campo, y que, sin olvidar la colaboración de Iván Morante (qué magistral asistencia la suya para dar la vuelta al partido contra la Juventus), ha sido vital en esa solidez que el equipo ha necesitado. Sin él sobre el campo, es muy posible que tan feliz acontecimiento no hubiera existido.

A partir de aquí, Carlos Dotor, seguramente el futbolista menos mediático, pero imprescindible en un equipo con las señas de identidad del eterno siete; Marvin Park, intermitente, pero con una capacidad de sacrificio a la altura de muy pocos; Pablo Rodríguez, infatigable, no tan dotado técnicamente, pero que pasará a la historia por firmar el gol con el que empezó todo; y Juanmi Latasa, pichichi junto a Miguel, y que aunque se perdió la final, tuvo mucho que ver en que el equipo llegara a disputarla.

Dejamos para el final a Sergio Arribas, ese chico “diferente” que siempre tienen las plantillas de la Fábrica. No sabemos hasta dónde llegará, si podrá debutar con el primer equipo, o acabará siendo la estrella de un equipo puntero de la primera división española o de otra liga europea. Pero que es ese tipo de jugador por el que merece la pena pasar mucho frío en invierno o mucho calor en verano, yendo a disfrutarlo a Valdebebas. Ese futbolista que hace que sigamos siendo niños, aunque haga mucho que peinamos canas, ese por el que, a veces, los sueños se hacen realidad.

En el año en el que, tras siete interminables minutos de añadido, en la séptima edición, y con el eterno Siete dirigiendo la orquesta, levantamos nuestra merecida UEFA Youth League… y pudimos descansar.

Gracias.

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